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Floricultura: la industria que toma fuerza en chile

  • Foto del escritor: Mujeres que Florecen
    Mujeres que Florecen
  • 11 feb
  • 3 Min. de lectura
Con más de 1.500 productores a nivel nacional, investigación científica y nuevas técnicas de propagación, la floricultura nacional avanza como un rubro agrícola con proyección productiva y cultural. Fuente: https://www.reporteagricola.cl/

Dentro del sector agropecuario, la floricultura ocupa un espacio particular. A diferencia de la agricultura tradicional, enfocada principalmente en la producción de alimentos, este rubro se orienta al valor estético, ornamental y simbólico de las plantas y flores. Su desarrollo responde tanto a criterios productivos como culturales, ligados al bienestar, la identidad y el uso de espacios urbanos y rurales.


“La floricultura es un sector bien específico del rubro agropecuario y se refiere a las plantas que se cultivan de acuerdo a su belleza”, explica Danilo Aros, académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile. “Aquí cultivamos con fines ornamentales, para satisfacer nuestros sentidos”, añade.


Esta diferencia marca también sus dinámicas de mercado, consumo y proyección, posicionando a la floricultura como una industria complementaria dentro del desarrollo agrícola nacional.


Ciencia y tecnología al servicio de la producción ornamental


El avance del rubro florícola no depende solo del trabajo en campo. La investigación científica y el desarrollo tecnológico cumplen un rol clave para mejorar la calidad, disponibilidad y propagación de especies ornamentales, permitiendo ampliar la oferta y fortalecer la producción local.


A través de técnicas como el cultivo in vitro, es posible replicar características específicas de las plantas, optimizando tiempos y recursos, y asegurando mayor uniformidad en los resultados productivos.


“Estas plantas se obtienen a partir de un explante, que puede ser una semilla o un trozo de planta, y se cultivan en un medio que reemplaza al suelo”, detalla Danilo Aros. “Este sistema contiene agua, nutrientes, hormonas y sostén, lo que permite propagar plantas de manera mucho más eficiente, agrega.


Estas metodologías abren nuevas posibilidades para el rubro, tanto en producción comercial como en investigación aplicada.


Categorías que estructuran la floricultura


La floricultura se organiza en tres grandes categorías productivas, que definen tanto su manejo como su destino final. Por un lado, están las flores de corte, destinadas principalmente a floreros y arreglos temporales. En segundo lugar, las flores en maceta, que implican un cuidado prolongado y una relación más directa con el consumidor. Finalmente, las plantas de jardín, pensadas para parques, áreas verdes y espacios públicos o privados.


Estas categorías permiten diversificar la producción y responder a distintas demandas, acercando la ornamentación vegetal a la vida cotidiana y a distintos tipos de espacios.


Especies resistentes y menor consumo hídrico


El contexto climático ha impulsado una transformación en las decisiones productivas del rubro. Hoy, la floricultura apuesta por especies más resistentes y de menor consumo hídrico, adaptadas a las condiciones locales y a escenarios de mayor escasez de agua.


“Estamos trabajando con Calas de colores, Lilium y Amaryllis, que son especies que se adaptan bien al verano”, señala Claudia Barrera, directora de Paz y Flora. “Nuestros bulbos se destinan principalmente al cultivo en maceta, lo que permite que las personas los cuiden y mantengan después de la floración”, explica.


Este enfoque no solo responde a criterios ambientales, sino también a nuevas formas de consumo, donde las personas buscan plantas que puedan conservarse en el tiempo.


Un mercado pequeño, pero con señales de crecimiento


A nivel nacional, la floricultura sigue siendo un rubro de escala acotada, con más de 1.500 productores a nivel nacional y una superficie limitada en comparación con otras actividades agrícolas. Sin embargo, presenta avances concretos en diversificación, profesionalización y apertura a nuevos mercados.


“El consumo en Chile es de alrededor de 4,5 a 5 dólares per cápita, lo que representa un mercado cercano a los 80 millones de dólares”, indica Danilo Aros. “En países como Suiza, el consumo supera los 80 dólares per cápita”, compara.


Pese a estas cifras, hitos como la apertura de las peonías chilenas al mercado mexicano o brasileño reflejan el potencial exportador y la proyección internacional del sector.


Con nuevas técnicas, especies adaptadas y un creciente interés del público, la floricultura se consolida como una actividad con valor productivo, cultural y económico para el desarrollo agrícola del país.

 
 
 

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